jueves, 14 de agosto de 2014

Historia y Principios del Alumbrado Autónomo

EL FUEGO

El fuego ya estaba en la naturaleza. En los volcanes


En los rayos de las tormentas.


Se prendía en la vegetación, originando incendios debastadores.


El ser humano sabía que el fuego era peligroso, pero también que producía calor, hacía más comestibles los animales que alcanzaba y emitía luz. El controlar el fuego, fue la primera gran revolución humana.


Es posible que el fuego, en un principio, fuese recolectado y conservado y la forma de generarlo aún estuviese lejos. En cualquier caso, la primera luz artificial, la primera iluminación autónoma habría nacido. Sería la antorcha.


ANTORCHAS Y TEAS

En principio, las antorchas (o hachas), serían matojos ardientes, con el tiempo, serían palos impregnados de grasa animal, vegetal, brea u otro material combustible.


Uno de los ejemplos de antorcha, la tea, indica un gran avance tecnológico. Se trata de un palo o astilla, cuyo alto contenido en resina, permite la combustión durante un tiempo. La resina es la que arde, no la madera. Esto requiere conocer el tipo de árbol, un pino, y la especie más adecuada. También saber que el pino ha de estar enfermo y la parte que mas resina contiene (las raíces). Este tipo de alumbrado, se ha utilizado en España, en sitios como el Espinar (Segovia), hasta bien entrado el siglo XX. El útil donde se ponía la astilla se denominaba teero. 

LAS LÁMPARAS DE MÉDULA DE HUESO

Como ya se ha intentado expresar, el camino para alumbrarse no ha sido fácil. La grasa animal y el aceite vegetal, son combustibles usados desde la antigüedad hasta bien entrado el siglo XX. Un alarde tecnológico se encuentra en las lámparas de médula.


Una concha o una piedra tallada, donde se extendía la médula obtenida de los huesos animales.


Unas hierbas como mechas y una luz verdosa, debido al fósforo, que se cree usaron los artistas prehistóricos para pintar en las cuevas. Bastante luz, poco humo. Muchos conocimientos.


En las planicies de Mesopotamia se han encontrado lámparas de terracota de 10.000 años de antigüedad. En el 2.700 A.C. los egipcios y los persas ya  las fabricaban de bronce. Todas esas luminarias usaban aceite al igual que las lucernas que sirvieron a los romanos para iluminar las casas o las minas. Las lucernas, hechas de arcilla cocida mediante moldes, se adornaban de múltiples motivos. 


Los aceites usados en el alumbrado han sido los disponibles en cada época y lugar. Así, en el mundo mediterráneo ha sido común el de oliva y a él se unirían otros extraídos de otras plantas, como el de colza de gran poder lumínico. Sin embargo, uno de los aceites que más ha marcado la historia del alumbrado no tenía origen vegetal.

EL ACEITE DE BALLENA

Durante el siglo XIX, uno de los principales motivos por los que se cazaba a las ballenas, era para la obtención de grasa para el alumbrado. Había dos tipos, la grasa propiamente dicha y el esperma de ballena. Este último, es una sustancia cerúlea que se halla en la cabeza de los cachalotes y en la grasa vascular de las ballenas. Se le atribuyen funciones de ajuste de la flotabilidad en los cetáceos y su combustión produce una luz constante y homogénea. Tanto es así, que la antigua definición de la unidad lumínica "bujía", se refería a la luz emitida por una vela de esperma de ballena.


EL KEROSENO

En 1846, el médico y geólogo Abraham Gesner hizo un destilado experimental a partir de carbones y esquistos bituminosos y lo llamó kerosene. En 1848, James Young, realizó un destilado similar a partir de petroleo y lo denominó parafina. Había comenzado la era de los combustibles procedentes de los hidrocarburos, que cambiarían la historia del alumbrado.

LAS LÁMPARAS DE KEROSENO

El queroseno o parafina, es un combustible rico en volátiles y produce bastante luz. Al igual que en las lámparas de aceite, una mecha eleva el combustible por capilaridad para ser quemado. La mecha puede ser plana o redonda, pero para que la combustión sea más eficiente se utilizará una chimenea de cristal. El aire fresco entrará por debajo y el caliente y viciado escapará por al chimenea.


DEAD FLAME LANTERNS

El paso del aceite al queroseno, simplificará las lámparas y muchos de los antiguos aparatos se reconvertirán al nuevo combustible. El alumbrado doméstico había sufrido un gran avance, tanto si la lámpara era mecánica o, lo más normal, si se le dotaba de un tubo de cristal como chimenea. Pero el problema surge al sacar las lámparas al exterior.


Tapar el tubo de cristal permitiría que la lámpara no se apagara con el viento. Sin embargo, la corriente de aire se hace más débil y la atmósfera se enrarece dentro del vidrio. La llama es poco brillante y a estas lámparas se les llamará "Dead Flame Lanterns",

LAS LÁMPARAS TUBULARES

Dead Flame Lantern, significa linterna de llama muerta. John H. Irwin, diseña linternas de este tipo, pero en 1867 patenta los principios de lo que sería la Hot Blast Lantern. Un sistema de recirculación de aire.


Hot Blast Lantern, significa linterna de viento caliente. El aire se calienta con la llama, sube a la chimenea y vuelve a la base del quemador. Esta corriente aviva el fuego. Se trata de un circuito semicerrado que mantiene la presión interna constante, lo que permite una llama más brillante y resistente al viento y las tormentas. Este tipo de lámparas fueron fabricadas, en un principio, por Robert Edwin Dietz. La marca Dietz fue muy importante durante el siglo XIX y XX, principalmente en EEUU.


Pronto surgirán, en todo el mundo, multitud de marcas que fabricarán este tipo de lámparas de tormenta, durante más de cien años. 
En 1874, John H. Irwin, establece los principios del que será un tipo muy popular de lámpara de tormenta: la lámpara Cold Blast o de viento frío. Consume más oxígeno y combustible pero su luz es más intensa y brillante.


El aire frío, más pesado, desciende por los tubos hasta la llama, esto garantiza un aporte de aire fresco a una llama que será más brillante y continua. El aire caliente y pobre en oxígeno, asciende hasta la chimenea y sale por la parte inferior de la tapa. Este sistema quema más combustible pero permite una presión constante dentro de la lámpara que evitará su apagado en caso de fuertes vientos. 

EL GAS ACETILENO Y EL CARBURO DE CALCIO

El gas acetileno arde con un llama blanca y brillante, algo muy adecuado para alumbrar. Su uso en la iluminación autónoma tiene dos hitos: el carburo de calcio, a finales del siglo XIX y el acetileno disuelto en acetona, a principios del siglo XX. Así, Con respecto al primero, Moissan y Willson desarrollan, a finales de siglo XIX, un método para fabricar carburo de calcio, lo que facilitaría la generación de acetileno, tanto en cantidades industriales, como en el interior de pequeñas lámparas concebidas para varios usos.


Con respecto a las lámparas de carburo, el funcionamiento es relativamente sencillo: en un depósito se almacena el carburo de calcio, producto químico que puede parecer piedra, y se añade agua (bien por goteo o capilaridad). El agua y el carburo reaccionan produciendo gas acetileno que se quemará en una boquilla especial (piedra).


En casi todos los apartados de este trabajo, se exponen faroles, faros o lámparas de carburo específicos de las distintas actividades. Aparatos que utilizan diversos tipos de boquillas de acetileno.


Las boquillas suelen estar compuestas por un casquillo de latón y una pieza de esteatita (piedra jabón de sastre) o de cerámica. En la figura, lo que debió ser un muestrario de la marca británica Bray, con un buen surtido de boquillas, de diferentes usos y denominaciones. Destacaremos aquellas que mantenían una llama piloto que permitía el apagado y encendido de faros o proyectores.

LA  GASOLINA

A finales del siglo XIX, la gasolina apenas tenía uso. La utilización en el alumbrado suponía serios peligros de incendio y explosión, aún así pronto aparecieron diseños que hicieron posible emplear este combustible en la minas, automóviles o entornos domésticos de todo tipo.


Dichos diseños, incluían aparatos que usaban la llama directa de la combustión de la gasolina para producir una luz más o menos exigua o gasificaban el combustible para su utilización en la incandescencia. Dicho gas ardería poniendo incandescente una camisa de tierras raras. El alumbrado de incandescencia puede ser con presión o sin presión.

LAS VELAS

Vela: cilindro o prisma de cera, sebo, parafina, estearina, esperma de ballena u otra materia grasa, con pábilo en el eje para que pueda encenderse y dar luz. El pábilo es la mecha que va por el centro de la vela o bujía. Este sistema de iluminación, muy antiguo, sigue estando vigente como alumbrado de emergencia y sobre todo, como decoración.


EL GAS (Las Farolas de Praga)

Gas y electricidad compitieron por alumbrar calles y hogares. Finalmente ganó la electricidad. En un principio, el gas de hulla se quemaba con una llama no muy luminosa; con posterioridad, aparecieron las camisas incandescentes, convirtiéndose en una importante fuente luminosa. De las camisas y su evolución se habla en el capítulo de las Lámparas de Presión.


Algunas ciudades europeas, han vuelto a instalar farolas de alumbrado incandescente, a gas, en sus cascos antiguos más emblemáticos. Es el caso de Londres y Praga.


Constituyen un elegante ornamento y si nos acercamos:


Podemos observar seis quemadores con sus respectivas camisas, una lucecita que se ve todo el día y es la llama piloto, así como varios elementos conectados a dos argollas que cuelgan del farol.

















1 comentario:

  1. ¡Que interesante! Recorrer la historia de la iluminación es repasar la evolución humana.

    Me ha sorprendido el GIF de la lámpara de tormenta.

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